Por todo ello y porque todo proceso de adopción e integración del niño conlleva una buena preparación, en Vértices Psicólogos hemos desarrollado nuestro programa de Apoyo y Orientación a la Adopción. En todos nuestros centros de Madrid y de la Zona Noroeste de Madrid(A6), en Pozuelo, Las Rozas, Torrelodones, Las Rozas, Galapagar, Boadilla, Majadahonda y El Escorial, prestamos servicios de orientación a padres en fase de adopción y de apoyo durante el proceso de integración del menor en el núcleo familiar existente.

Orientamos a los padres sobre la conveniencia o no de la adopción, en función del nivel de madurez, actitud, aptitud y condiciones del futuro nuevo entorno familiar; así como a entender las distintas etapas por las que un niño adoptado pasa y los apoyamos en la educación de su nuevo hijo, facilitando, asimismo, herramientas para averiguar las causas de ciertos trastornos y complicaciones y sus posibles soluciones.

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Con nuestro apoyo y las metodologías que empleamos, podemos ayudar a mejorar el bienestar del menor, facilitando una convivencia más sana y gratificante, reequilibrando los roles de cada miembro del núcleo familiar. Nuestro equipo de psicólogos expertos en psicopatología infantil y de la adolescencia, puede también contribuir a mitigar los traumas del menor durante el proceso de integración, e incluso eliminar experiencias traumáticas de origen que traiga consigo el niño mediante la aplicación del EMDR. Asimismo, si fuera necesaria una intervención más profunda con toda la familia, desde el área de Terapia de Familia de Vértices Psicólogos podemos desplazarnos al domicilio como complemento a las sesiones en nuestros centros de atención.

Cada niño adoptado llega al nuevo núcleo familiar con su propia historia y vivencias personales. Dependiendo de la edad de adopción, puede haber pasado por diversas instituciones, familias de acogida, etc., impidiéndole establecer una vinculación adecuada con los nuevos miembros de la familia y, por tanto, siendo susceptibles de presentar ciertas características emocionales y del comportamiento que hay que conocer y saber tratar, para evitar tensiones de convivencia y conflictividad o, prevenir futuros trastornos del comportamiento.

 

La integración del niño adoptado en el entorno familiar

El proceso de integración en el núcleo familiar y las diferentes etapas de maduración por las que, el niño adoptado va pasando, son similares en algunos aspectos y completamente diferentes en otros, frente a por las que pasa un niño nacido de los progenitores. Existen hitos clave en este proceso que deben ser cuidadosamente tratados para producir el menor impacto emocional y evitar tensiones en el entorno familiar, así como prevenir futuros problemas de comportamiento que pueden llegar a ser muy complicados de tratar a futuro e incluso irreversibles.

Etapa preescolar de 1 a 2 años de edad

El niño se relaciona fundamentalmente con los padres y familiares cercanos. Si bien pueden existir ciertas reacciones de enfado y agresividad cuando el niño comienza a dar sus primeros pasos, estas son normales y en la línea de las que pueda presentar un niño no adoptado, por lo que no hay que preocuparse por su idiosincrasia diferente.

Etapa escolar de 2 a 6 años de edad

En este período, el niño ya puede comenzar a hablar y a realizar preguntas sobre su entorno físico y social. Algunas de las preguntas pueden estar encaminadas a conocer su origen, es decir, como nacen los niños y de donde viene él. El psicólogo puede orientar a los padres como hacerlo de la forma más natural y con el mínimo impacto emocional, en especial si el niño adoptado convive con niños naturales de los progenitores.

Etapa preadolescente de 7 a 12 años

A estas edades los niños se encuentran ya más preparados para entender el significado de la adopción, por lo que se puede ir explicando el concepto de una forma natural, acompasando las preguntas del niño.

Etapa adolescente a partir de 13 años

En edades preadolescentes y adolescentes, ya serán capaces de entender racionalmente que es la adopción y tomar conciencia de su verdadera naturaleza, pudiéndose cuestionar su identidad al sentir una desconexión genealógica. La adolescencia es ya una etapa compleja de por sí,  siendo un período vital de fuertes cambios en los que la característica dominante del menor es la confusión. Durante este período, el adolescente inicia nuevas relaciones con el mundo exterior y el resto de miembros del núcleo familiar, creándose una desvinculación con el mundo infantil y siendo necesario replantear el camino vital y resolver muchas cuestiones, ya que el adolescente está en pleno proceso de construcción de su identidad. Es esencial demostrar en esta etapa que se le apoya y se le quiere de manera incondicional, para resolver sus dudas y aumentar su autoestima y seguridad en sí mismo.

 

Los problemas más comunes en la adopción

En muchas ocasiones los niños adoptados vienen con heridas emocionales difíciles de cerrar, por lo que, unido este hecho a que el crecimiento de un niño siempre sigue varias etapas y puede conllevar a diferentes problemas, en ocasiones es complicado comprender si estos problemas son normales del desarrollo o se deben a que el niño es adoptado. No solo el cariño y un entorno vital sano son suficientes para suplir las necesidades del pequeño y en muchas ocasiones es necesario ayuda de profesionales especializados que trabajen tanto con los progenitores como con el niño.

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En ocasiones, los niños adoptados muestran malos hábitos y conductas disonantes, que muy posiblemente adquirieron en su familia y entorno social y cultural de origen y que, se deberá ir corrigiendo de forma progresiva y con paciencia. En algunos casos, estos niños pueden tener dificultades para integrarse en el colegio, mostrándose irritables, impulsivos, con baja tolerancia a la frustración y conflictivos.

Si los padres no son capaces de explicar a su hijo que es un niño adoptado, este muestra falta de respeto con algunos miembros de la familia, posee comportamientos disonantes que pueden proceder del entorno familiar o socio-cultural de origen, manifiesta miedo o inseguridad en exceso, posee pesadillas y miedos nocturnos o es conflictivo en la escuela, es recomendable acudir a un profesional especializado que oriente y trabaje con los padres y el niño, tanto en el núcleo del hogar como en la consulta.

En los problemas que puede experimentar el niño adoptado, al igual que los hijos naturales, influye notablemente el estilo educativo que está presente en el nuevo hogar. Si bien con los hijos biológicos que se van incorporando al núcleo familiar el proceso de adaptación es natural y fluyente, debido principalmente a que han estado inmersos en él desde el comienzo; en el caso de niños adoptados, los padres deberán establecer claramente las normas de convivencia, con suficiente inteligencia emocional como para entender que el niño proviene de un entorno familiar y socio-cultural diferente, donde los vínculos afectivos se han roto y las normas era distintas. Es también importante tener en cuenta que no deben establecerse expectativas demasiado altas para no frustrar al pequeño y generar una estrés que no sea capaz de manejar.

 

Los problemas del vínculo afectivo

De forma natural, todos los niños durante los tres primeros años de vida, establecen relaciones únicas y especiales con sus progenitores (o un número reducido de personas), denominadas apego o vínculo afectivo, como base para el desarrollo de una futura personalidad equilibrada. Durante esta etapa esencial del desarrollo, es necesario establecer una relación de apego sana, que vincule al niño con los progenitores. De no producirse de esta forma, el niño podrá sufrir en el futuro inseguridad, impulsividad o generar un trastorno TDAH (hiperactividad).

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Asimismo, las complicaciones del vínculo afectivo, pueden conducir a que el menor sea más vulnerable que la media ante ciertos cambios, como el distanciamiento de aquellas personas con las que haya establecido el vínculo, en especial cuando el niño adoptado posee más de 6 o 7 años y el vínculo afectivo no se ha podido producir de forma natural a una edad temprana, ya que, el vínculo más fuerte lo establece con la madre durante el período de gestación, por tratarse de una característica genética fijada para asegurar la supervivencia del pequeño.

Los niños que son separados de sus padres antes de los 3 años y trasladados a centros de acogida o pasan por diversas familias, es muy probable que no hayan tenido la oportunidad de haber establecido este vínculo de apego durante las etapas tempranas, lo que va a generar el desarrollo de un perfil psicológico caracterizado por una falta de seguridad emocional, que derive en dos comportamientos radicalmente opuestos.

Por un lado, esto puede derivar en un comportamiento afectivo exagerado e indiscriminado, que el niño puede ofrecer a cualquier persona sin conciencia del peligro que puede correr. Por el otro, puede manifestarse con una respuesta afectiva pasiva y depresiva, incapacitante para establecer vínculos adecuados con las personas de su entorno cercano. Asimismo, puede generar en el niño conductas agresivas.