Los desórdenes mentales se suelen definir por la combinación de cómo una persona se siente, actúa, piensa o percibe. Estos hechos pueden estar asociados con determinadas regiones o funciones del cerebro, con el resto del sistema nervioso del individuo, o provocados por un determinado contexto social, presente o pasado.

La clasificación y el diagnóstico de los trastornos mentales y del comportamiento, si bien no existe una definición única y definitiva y, hay diferentes criterios de clasificación y diagnóstico, hoy en día se suele utilizar por consenso de la comunidad médica y terapéutica, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV TR), publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría, para determinar si un conjunto de comportamientos y síntomas de un individuo coincide con los criterios para ser diagnosticado como un trastorno psicológico.

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Muchas personas, incluso sabiendo o sospechando que poseen un trastorno, bien por autoconocimiento o por sugerencias de su entorno social o familiar,  evitan en muchos casos someterse a un diagnóstico por miedo al sufrimiento extra que les puede provocar el estigma social; siendo esencial la obtención de un diagnóstico para establecer un plan de tratamiento eficaz. El diagnóstico nunca busca marcar con una etiqueta un problema, sino que trata de descubrir causas raíz, soluciones, tratamientos, metodologías terapéuticas y compilar toda la información relacionada con el problema.

 

Categorías de trastorno mental

Si bien existe un amplio espectro de trastornos mentales, muchos de ellos de difícil clasificación, mostramos, en términos generales, en el menú contextual de esta sección los más habituales. En nuestros centros clínicos de Vértices Psicólogos de Madrid y de la Zona Noroeste de Madrid (A6), en Las Rozas, Pozuelo, Villalba, Torrelodones, Galapagar, Boadilla, Majadahonda y El Escorial, tratamos los trastornos y desórdenes mentales más comunes, mediante la aplicación de técnicas terapéuticas de tercera generación y psicoterapia avanzada de Perspectiva Integradora, adaptadas a nuestra realidad sociocultural actual, estableciendo rutinas y disciplinas armónicas con la vida y entorno del paciente, disminuyendo la angustia que le genera el trastorno y permitiéndole desenvolverse e integrarse plenamente en su grupo social y familiar, logrando de esta forma maximizar su calidad de vida y la de su círculo cercano.

El miedo o la ansiedad que incapacita el funcionamiento normal del individuo, puede clasificarse como un trastorno de ansiedad. Asimismo, se pueden incluir en esta categoría las fobias específicas, el trastorno de ansiedad social, el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno de pánico, la agorafobia, y el trastorno de estrés post-traumático.

Los procesos afectivos, como las emociones o el estado de ánimo, también pueden presentar desórdenes. Un trastorno del estado anímico que implique tristeza intensa y sostenida en el tiempo, el estado melancólico continuado o la desesperación, se clasifica como depresión mayor (denominada también depresión unipolar o clínica).

El trastorno bipolar (denominado también depresión maníaca), muestra estados anormalmente "altos" de actividad y humor, conocidos como manía o hipomanía, alternándose con un estado de ánimo normal o deprimido.

Los desórdenes en las creencias, el empleo del lenguaje y la percepción que se tiene de la realidad, traducidos en delirios, trastornos del pensamiento y alucinaciones, se denominan trastornos psicóticos y engloban la esquizofrenia y los trastornos delirantes.

Los trastornos de la personalidad, engloban un gran número de tipologías, como los individuos excéntricos, la personalidad paranoide, la personalidad esquizoide, la personalidad antisocial, el trastorno límite de personalidad (borderline), la personalidad histriónica o la personalidad narcisista, incluyendo, asimismo, el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno de ansiedad por evitación, la personalidad dependiente, etc. Los trastornos de la personalidad, en general, se suelen originar en la infancia o, como muy tarde en la adolescencia o adultez temprana.

Los trastornos de la conducta alimentaria se manifiestan como una preocupación desmedida por los alimentos y el peso. Los más comunes son la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón.

Los llamados trastornos del sueño, como el insomnio, suponen la interrupción de los patrones normales de sueño o sensación de cansancio incluso disfrutando de un sueño de apariencia normal.

Los denominados trastornos de la sexualidad, incluyen la disfunción eréctil (o impotencia), el vaginismo y las parafilias, traducidas como la excitación sexual motivada por los objetos, situaciones o personas que se consideran anormales o perjudiciales para la persona u otros.

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En el trastorno de control de impulsos, los individuos son anormalmente incapaces de resistir ciertos impulsos que pueden ser perjudiciales para ellos mismos u otros, tales como la cleptomanía (robar), la piromanía (prender fuego), ludopatía (adicción al juego), etc.

El abuso de drogas, ya sean estas legales o ilegales, de forma persistente y continuada, aún a pesar de los problemas de salud y sociales derivados de su uso, pueden ser considerados también como un trastorno mental.

Aquellos individuos que se encuentran sometidos a trastornos graves de su propia identidad, la memoria y la conciencia general sobre sí mismos y su entorno, se incluyen dentro de la categoría del trastorno de identidad disociativo.

El trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH), suele presentarse cada vez con más incidencia entre la población infantil y adolescente y, puede continuar en la edad adulta. Sus manifestaciones más comunes son la inatención, irritabilidad, falta de concentración, impulsibilidad, frustración, falta de autodisciplina, baja habilidad social, baja autoestima, inquietud mental, etc.

Cuando el estado psíquico del individuo se manifiesta físicamente en el cuerpo, afectando a diversos órganos o sistemas, se habla de trastorno psicosomático. Las personas que sufren de este tipo de trastorno suelen poseer una personalidad que les dificulta para expresar sentimientos y/o para convivir con factores estresantes genéricos, creándoles un estado anímico que activa o inhibe procesos corporales.

 

Discapacidad

Los trastornos pueden presentarse con una intensidad muy variada y pueden darse varios a la vez, estén o no relacionados entre sí. Los efectos funcionales que derivan de los trastornos mentales pueden suponer mayor o menor discapacidad de la persona que los sufre, así como implicar, en mayor o menor medida la necesidad de apoyo psicológico o psiquiátrico. El nivel de discapacidad puede variar a lo largo del tiempo y en diferentes planos y entornos de la vida del paciente, pudiendo producir discriminación y exclusión social, añadidas a los efectos propios del trastorno, así como el estrés derivado de ocultar el trastorno en el entorno social, la escuela, el trabajo, etc.

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Entre las discapacidades básicas asociadas a los trastornos mentales pueden incluirse el cuidado de uno mismo, el cuidado de su entorno, las relaciones interpersonales, las habilidades de comunicación, la capacidad de formar y mantener relaciones, la capacidad para salir de la casa y mezclarse con grupos y multitudes en ciertos entornos particulares, el funcionamiento laboral, como adquirir un trabajo, mantenerlo y sus habilidades cognitivas y sociales relacionadas; el comportamiento y redimiento en el centro de estudios y su relación con alumnos y profesores.

El suicidio, que en muchas ocasiones se puede atribuir a algún trastorno mental subyacente, es la principal causa de muerte entre los adolescentes y adultos menores de 35 años. Se estima que hay entre 10 y 20 millones intentos de suicidio no mortales cada año en todo el mundo.

 

Las causas de los trastornos mentales

Las enfermedades mentales pueden estar originadas, condicionadas o apoyadas por la herencia genética, la discriminación, los traumas en la infancia, la pérdida o separación de las familias y, el abuso de las drogas. Por lo tanto, pueden surgir a partir de múltiples fuentes y, en un gran número de casos no existe una causa única en la persona. Hoy en día, el modelo biopsicosocial, que incorpora factores biológicos, psicológicos y sociales, es el más aceptado por la comunidad psicoterapéutica.

Por ejemplo, en el trastorno por ansiedad pueden influir antecedentes familiares también de ansiedad; el temperamento y las actitudes, por ejemplo en pesimismo; y factores relacionados con la crianza, como por ejemplo el rechazo de los padres, la falta de calidez de los padres, un entorno hostil, un exceso de disciplina, la negatividad maternal, abusos en la infancia, drogas en el entorno familiar, etc.

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Un posible funcionamiento anormal de los neurotransmisores cerebrales influyen de forma notoria en algunos trastornos mentales, así como el tamaño o la actividad de ciertas zonas del cerebro.

Algunos mecanismos psicológicos, como el razonamiento sesgado, las influencias emocionales, la dinámica de la personalidad, el temperamento y estilo de afrontamiento, influyen también en mayor o menor medida en el desarrollo de los trastornos mentales.

Los factores genéticos pueden jugar un papel importante en el desarrollo de los trastornos mentales, así como el entorno que rodea el embarazo y el parto. Una lesión cerebral traumática puede incrementar el riesgo de desarrollar cierto tipo de trastornos mentales, así como el abuso de sustancias o el estado de salud física general.

Los factores sociales, juegan también un importante papel en el desarrollo de los trastornos mentales, tales como el abuso, la negligencia, la intimidación, el estrés social, eventos traumáticos y otras experiencias negativas o abrumadoras de la vida de las personas, como son el desempleo, las desigualdades socioeconómicas, la ausencia de cohesión social y, muchas características de las sociedades, religiones y culturas particulares.

 

El diagnóstico de los trastornos mentales

La realización de un diagnóstico correcto de un trastorno mental supone, en primer lugar, realizar una entrevista con el paciente para realizarle un examen del estado mental y, evaluar la apariencia que tienen trastorno y la persona,  el comportamiento, los síntomas, la historia de salud mental del paciente y, las circunstancias actuales del entorno vital del paciente. Asimismo, los puntos de vista de familiares, pareja y amigos pueden ser también importantes y aportar valor al diagnóstico. El psicoterapeuta realiza las pruebas psicológicas a través de cuestionarios que pueden incluir algoritmos estandarizados. Es importante determinar el grado de comorbilidad del paciente durante el diagnóstico, es decir, ser capaces de identificar si existen varios trastornos cohabitando en el paciente, así como qué trastornos ponderan más que otros, para poder trazar con precisión el camino y la metodología terapéutica a seguir en el tratamiento.